26 julio 2006

V - Marisa

Encontrar una foto de algún tiempo atrás es como subirse a un colectivo en movimiento, de improviso, sin equipaje, sin boleto. Es oler un perfume fundamental. Es un resplandor de recuerdos que supercede la tenue luz del amanecer.Hace un poco más de dos años, la pareja que ahora se ve en la foto (un tanto ajada, con una esquina rota, quizás por la presión de sus compañeros de viaje en el tiempo, dentro del cajón de la mesita de luz de Marisa) sonreía en una tarde luminosa, con algunos amigos como telón de fondo, unas botellas de coca a medio vaciar, un plato con migajas de torta, centros de mesa saqueados y botellas descorchadas. Otro color de pelo ella, otras convicciones en la mirada él (pese al dejo de duda ya latente). Un instante antes de arrugarla con fuerza, con rabia ya atenuada, por reflejo, por desquite, desistió. Le acomodó como pudo la esquina torcida, la alisó lo más posible y la metió quizás dentro de una caja que recordaba bien: la primer cajita de anticonceptivos. Los días de lágrimas han pasado hace tiempo, pero sin querer se le entrecorta la respiración. Mati. Matías... el "padre Mati..." No pegaba. No sonaba. No se podía acostumbrar. Aún hoy, cuando ya podía escuchar esa canción de Cerati sin que le duela tanto como para llorar sin consuelo; aún hoy, no se podía hacer la idea que SU Mati, su chico, su amor de casi tres años, su futuro esposo, con quien debería estar hoy compartiendo este departamento, esta alfombra, esta cama vasta y confortable, esta calurosa mañana, este viento a través del voile, estuviera ya en tercer año del seminario, irremediablemente dentro de otro mundo: el insondable universo eclesiástico.Tres meses después de esa foto con amigos (día más, día menos, la distancia temporal borronea la memoria) sobrevino el brutal cambio de carril, lo que a priori sonó a cargada, a chanza de novela barata. Luego vino el desconcierto, el desconsuelo, el desengaño, el desamor... Los únicos refugios posibles, agradeciendo el tiempo de vacaciones de la facultad, fueron sus incondicionales Pía y Karina, amigas desde siempre, casualmente ausentes en esa foto... se podría haber dicho que estaban fuera, preparando la red donde Marisa caería tiempo después.La voluntad de hierro hizo el resto (Pía habrá afirmado con vehemencia que fue su sol en escorpio el hacedor del milagro). Siguió adelante con sus estudios y con su nuevo ánimo de devolver el apoyo que tan bien le había hecho. Ya nada la separaría de sus amigas, pasara lo que pasara. Ya nada sería tan cierto e irrevocable como antes, ya nada sería para siempre excepto sus dos hermanas terrenales, sus dos ángeles protectores. Ese año finalizó los estudios, no sin esfuerzo, no sin sentir que la ciudad en ocasiones la devoraba, que Rosario y su encanto mafioso, sus viejas glorias arrabaleras, tiraban de ella hacia lo más oscuro de su alma, cuando la luna nacía naranja e inflamada sobre el río marrón. La residencia en el Carrasco terminó de forjar su espíritu solidario y ya nunca más regresaría a la frivolidad por la frivolidad misma. El contacto con ciertas miserias cotidianas le dio el valor justo de su vida, equilibró los números en su balanza, comprendió que la existencia aquí y ahora es lo que cuenta. Hizo suyo el gesto de dar una mano, pero para eso debió primero amarrarse a los sólidos muelles de su mundo, sus cables a tierra. Y la red, esa red tejida a fuerza de apoyo incondicional, forjada por sus amigas, la hizo sentir viva, a salvo. La imagen de la foto reverberó unos instantes más en sus retinas, y se esfumó con los últimos acordes de un estribillo que volvía a sonar en su mente, como aquella tarde del cumpleaños. Permaneció sentada en el costado de la cama unos segundos más, hasta que todos los sonidos dentro hubieron callado, hasta que todas las imágenes en oleadas terminaron de chispear. Antes de dar accidentalmente con la foto, en la maraña de papeles inútiles y objetos largamente extraviados, remotos e ignorados de su mesa de luz, había encontrado las cinco hojas con nombres de bebé que por aquellos años guardara, abrigando la ilusión de un hijo con Matías. Esa tarde se reuniría con Karina, que ya iba por el sexto mes de embarazo y juntas jugarían el hermoso juego de elegir un nombre -de varón, ya sabían. Y si empezaba con L mejor.

9 Comentarios:

Blogger Turca dijo...

Che... ya pasó otro mes... Que Karina va a parir y ustedes en veremos...!

(Qué linda imagen la luna naranja e inflamada sobre el río marrón... No hay fotos???)

2:44 a. m.  
Blogger Kico dijo...

Turca:

Casualmente estaba pensando en quién es el que se quedó en esta historia. Pero vos tranca, ya vamos a largar otra vez.

Lo del río no tiene foto... Si hubiesen colaborado con mi campaña a beneficio de mi camara digital la historia sería otra...

Jodanse por amarretes!!!

1:30 p. m.  
Blogger Turca dijo...

Yo sigo acá firme, espero...

Tenés razón, pero es que no es fácil... Yo soy taurina, sabías??? A buen puerto vas por leña!!!!!! :S

7:22 p. m.  
Blogger Gabriel dijo...

Como como como? No entiendo lo del puerto y la leña. Que yo sepa la leña se saca(ba) del monte...

qué?


ah... que ahora viene en jangada y hay que ir a buscarla al puerto... aaahhh

fueradíchomelo...

10:47 p. m.  
Blogger Turca dijo...

Ta bien... en mi casa se decía así...


A verrrrrseñoritomaestrociruelaaa, cómo es??????????


:(

5:57 p. m.  
Blogger Gabriel dijo...

Ufa! se dice "a buen monte vas por leña" Eso es todo

No se que tiene que ver el puerto ***

8:54 p. m.  
Blogger Turca dijo...

:(
Ahora que acá en Beirut parece que vamos a tener algo parecido a un servicio como el de los teléfonos, la voy a llamar a mi vieja y le voy a decir que estaba mal :p :p :p

8:05 p. m.  
Blogger Turca dijo...

Y el post??????
A quién le toca finalmente???????

8:06 p. m.  
Blogger Kico dijo...

me toca a mi... es verdad...
prometo retomar prontamente!!!´
pero voya tener que releer todo, ya ni me acuerdo de la idea!!!!


Banquen que llega!!!


besos y abrazos

Kico

11:25 p. m.  

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